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Visión De La IGLESIA MANMIN ARGENTINA

En Cuanto A Las Ofrendas, Las Primicias,

Las Donaciones Y Los Diezmos


Texto Bíblico base: 2 Corintios 9:7

"Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre"

La Biblia, que es La Palabra de Dios, nos presenta varios principios respecto al ofrendar y dar los diezmos, como también las primicias, las donaciones, etc. Para cada una de ellas existe un motivo, que sin duda redunda en beneficios para los que se avienen y se apegan a ellas, practicándolas, con alegría y gozo.

ENTRÉGATE

A TI MISMO A DIOS.


La primera ofrenda que Dios quiere de nosotros somos nosotros mismos. Él orden es: primero, entrégate a Dios y en seguida, da una porción de lo que recibes de Dios.

Los cristianos de Macedonia hicieron justamente eso y el Apóstol Pablo escribió: "…Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios;" (2 Corintios 8:5).


DAR CONFORME DIOS

TE HAYA PROSPERADO.

En el Antiguo Testamento, Dios mandó a Su pueblo que le entregaran la décima parte de todo lo que ganaban. En el Nuevo Testamento, vemos que los hermanos de la iglesia primitiva, que eran no judíos, siguieron esa regla.

 

Con respecto a cuanto debían ofrendar o dar sus donativos, la Palabra de Dios dice: “…cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado…” (1 Corintios 16:2).


¿QUÉ PORCENTAJE DE NUESTRAS

ENTRADAS DEBEMOS DAR?

 

Por un lado, podemos tomar el diezmo (el diez por ciento del ingreso del salario bruto, no del neto) como el mínimo de lo que debemos llevar al alfolí, pero podríamos dar mucho más que eso, conforme sea nuestra fe y amor por la obra de Dios. “…según haya prosperado…” (1 Corintios 16:2). Es decir, esto depende de cuán agradecidos estemos por las bendiciones de Dios y cuán fuerte sea nuestro deseo de “hacernos tesoros en el cielo.” (Mateo 6:19-20)

 

Debemos considerar que no pagamos un peaje para entrar en el cielo ni como que el cielo se venden las moradas, el Señor Jesús ya pagó y no con cosa material, con que es corruptible. (1 Corintios 15:53).

 

Leímos, hacer “tesoros en el cielo,” porque cuando presentamos materialmente a Dios, estamos dando evidencias, ya sea de nuestra generosidad o de apego a lo material. 

 

Debemos dar a Dios, por lo que Dios es y no con el fin de recibir los beneficios, como si fuera el genio de la lámpara de Aladino, donde está el genio atrapado en ella dispuesto a conceder deseos a quienes lo liberen.

 

Por lo que en la Biblia, está la promesa para los que actúan con generosidad y no especulando, es decir, dar con alegría y gozo y no esperando la retribución.

 

“El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.” (Proverbios 11:25)


DAR SISTEMÁTICAMENTE

Por el otro, el ofrendar es un acto de adoración y no debe ser un proyecto casual. Debemos ofrendar sistemáticamente “cada primer día de la semana”, que es el Día del Señor, (el domingo) cuando mas comúnmente vamos a la iglesia, pero también existen ofrendas de la semana, en cada culto, reunión o servicio.

 

El apóstol Pablo, en cierta circunstancias aconsejó: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado…” (1 Corintios 16:2); como vemos, aquí nadie queda excluido, desde los niños, adolescentes jóvenes y ancianos, pobres y ricos; todos debemos participar en diezmar, ofrendar o hacer donativos para obra de caridad y las misiones, protemplo, sostenimiento del pastor y su familia y demás hermanos que estén al servicio peno o parcial, etc., justamente a ello ya la Biblia dice en el Antiguo Testamento:

 

“…Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías; cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado.” (Deuteronomio 16:16b-17)

 

“El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.” (Proverbios 11:25)

 

DAR ALEGREMENTE Y CON LIBERTAD.


Hemos leído que Padre Dios ama al dador alegre, sea la cantidad que fuere nuestras primicias, ofrendas o donativos, incluso, los diezmos. El Padre desea que demos voluntariamente y de todo corazón, lo que demos.

 

Padre Dios no quiere que ofrendemos con tristeza, ni por necesidad. A esto leemos en la Biblia: "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9:7).

 

“Cada uno dé como propuso en su corazón.” Cuando son primicias, ofrendas o donativos, Padre Dios, ni el Espíritu Santo, no establecerán la cantidad, porque Él espera nuestra actitud, o sea, que en libertad decidamos con cuanto expresarle o materializar, nuestro amor y devoción. El secreto no es tener o no tener, el secreto es cómo dar y eso debe ser dar de todo corazón, como la viuda, (Marcos 12:41-44), es dar, aunque sea lo único y ultimo que tenemos.

 

Es reconocer que todo cuanto tenemos, ya sea casa, familia, bienestar, trabajo, etc., incluso nuestra propia vida, provienen de Dios y que de Él es todo, insisto, entre ese todo, nuestra propia persona.

 

Sabiamente dijo el rey Salomón: “Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura. Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.” (1 Crónicas 29:14-16)

 

“No con tristeza.” La palabra tristeza, a la que refiere el apóstol Pablo, tiene dos connotaciones, una es sentir dolor por dar, u orgullo, por haber dado.

 

1. Sentir dolor por dar. Este tipo de tristeza se manifiesta cuando nos cuesta dar y divagamos en nuestra mente, especulamos en cuanta falta nos hace para pagar o comprar alguna cosa. Cuando sentimos un peso que es como que se nos oscurece el alma y nubla la vista, porque nos introducimos en nosotros, en nuestras circunstancias, pensando egoístamente.

 

2. Sentir orgullo por haber dado. Este tipo de tristeza se manifiesta cuando nos jactamos de ser quienes mas diezmamos, ofrendamos y sostenemos la obra. Cuando nos decimos o decimos, que gracias a nosotros se realizó tal o cual tarea o se adquirió tal o cual bien. También cuando creemos que tenemos mayor peso, y lo queremos aplicar en las reuniones de las asambleas o de la Junta, porque somos los que hacemos mayor aporte económico, etc. y exigimos se nos oiga por ello, suelen decir o pensar: “gracias a mi…”

 

“ni por necesidad.” Muchas veces los hermanos y aun los pastores, erróneamente piensan que necesidad solo se refiere a las obras de caridad, de ayudar al menesteroso, sostener al pastor, las misiones, etc. Pero específicamente, la necesidad a la que se refiere este punto, no es solo por los de afuera, sino porque se trata de nuestra propia necesidad; porque queremos ser bendecidos y prosperados material, laboral o sentimentalmente. También para lograr que salga a nuestro favor un juicio o que prontamente se haga el pago efectivo, conseguir trabajo, comprar una casa, un automóvil, etc.

 

Pero realmente no se refiere a la necesidad de terceros, sino nuestra propia necesidad de recibir cosas, afectos o bienes, las que solapadamente y con un cierto manto de humildad desinterés y de aparente desapego, vamos a lleva para dar, pero no lo hacemos con generosidad, con liberalidad, es decir, desprendido de toda apetencia personal y materialismo, sino como dijéramos, hacer trueque con Dios, yo te doy dinero, tú me das lo que yo quiero.

 

“porque Dios ama al dador alegre.” Nuestro Padre celestial, quiere hijos verdaderos, por el Hijo de Dios, es por ello que aquí nos enseña a que no seamos materialistas, queriendo hacer trueque con Dios. Aprendamos de una vez por todas que, a nuestro Padre Dios, no le interesa nuestro dinero, ni nuestros bienes, porque Él nos lo dio y todo es de Él, sino que Él quiere, nuestro corazón, (Proverbios 23:26) y ¿qué es darle nuestro corazón? Es hacer Su voluntad, es amar lo que Él ama y aborrecer lo que Él aborrece. (Proverbios 8:13).

 

Por eso cuando vamos a llevar, ya sea nuestras ofrendas, donaciones, primicias, diezmos, etc., vayamos con la misma expectativa que tenemos cuando le vamos a llevar un gran obsequio a quien amamos con todo nuestro ser, por lo que anhelamos ver su rostro de felicidad cuando abra el regalo.

 

Si pretendemos hacer trueque, eso desagrada a Dios, porque no le estamos respetando, ni honrando con nuestros bienes, que en definitiva son de Él. Padre Dios se agrada cuando; cada uno damos como propusimos en su corazón: no sentimos tristeza, (dolor por dar u orgullos por haber dado) ni porque tenemos necesidad, sino porque sabemos que Dios ama al dador alegre, y queremos ser esos hijos verdaderos que le amamos y que en definitiva, hemos comprendido que el gozo del Señor es nuestra fortaleza.  

 

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos. (Deuteronomio 6:6-8)

 

Esta parte, en la cual Dios no nos demanda obediencia, sino amor, que lo hagamos con gozo, no con la carga que conlleva una orden, sino con amor en ofrenda viva, ya que somos como tabernáculos de Dios en esta tierra, donde el Altar de Dios esta encendido las 24 hs.


DAR CON SABIDURÍA.


El Señor Jesús dijo que teníamos que ser “buenos y sabios administradores.” Porque algunos cristianos ofrendan con liberalidad, pero no son sabios al ofrendar. El dar a una iglesia u organización que NO esté predicando fielmente la Palabra de Dios, no es dar con sabiduría.

 

Hoy, muchos falsos pastores, maestros, profetas, apóstoles, etc., falsos hermanos, andan por las redes y las casas, predicando prosperidad material que si les dan sus diezmos, donativos y ofrendas, prometen la solución a todos los problemas y a hacerse millonarios. Pero, ese evangelio no es el verdadero. El Señor Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)

 

En el mundo tendremos problemas, como el resto de los mortales. Es por ello que nos dice que tengamos paz en Él, sin importar las circunstancias, porque, así como estamos en un cuerpo de carne o material, las mismas cosas que le pasa al resto de la gente, nos acontecerán también a nosotros, pero al tener la paz de Él, no nos afligiremos ni nos amedrentaremos, sino que nuestra fe crecerá.

 

Pero esos falsos, les mienten, porque les interesa su dinero y no su alma. No les interesa como le va espiritualmente o económicamente a usted, sino que quiere enriquecerse a costilla suya o por medio de los ingenuos, que también quieren ser prosperados por Dios, que no buscan a Dios por lo que Dios Es, sino que lo buscan por sus propias necesidades, por los beneficios que Dios otorga, pero Él los da a Sus hijos, los que son hijos por el Hijo de Dios, no a los que solamente creen, sino a los que viven y hacen la voluntad de Padre Dios.

 

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21)

 

“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2:17)

 

Debemos tener tanto cuidado al invertir el dinero que recibimos de Dios y en especial, la parte que le corresponde a Dios, como lo tenemos al invertir por el bienestar de nuestra familia o en un negocio. Debemos poner el dinero donde produzca los mayores intereses espirituales y eso es en nuestra propia congregación.

 

Recuerde que nosotros, no somos administradores de lo que a Dios le corresponde, sino que somos, dadores. Es dar donde recibimos el alimento espiritual, donde nos contienen y oran por nosotros; donde recibimos cada mes, la Cena del Señor y nos visitan, toda vez que lo necesitamos.

 

Dios le bendiga ricamente

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